“Lo peor de los porteños es que tienen buenas intenciones”

foto Suzi

Por Dr. Suzanne Temwa Gondwe Harris (@ctfoa)

Todos sabemos que las etiquetas o los apodos moldean y definen la opinión pública, y que con el tiempo pueden crear nuevos y diversos significados- a veces muy lejanos a su intención original- sobre un grupo social o cultural en particular. Crecí en un pequeño pueblo rural de Inglaterra, donde la población es predominantemente blanca y las etiquetas eran comunes, especialmente para aquellos que tenían piel morena, como yo. Mi madre, nacida y criada en Malawi siempre atribuyó el racismo a la ignorancia, sobre todo cuando los niños me gritaban palabras como “golliwog”, “mono” y “negro”. Pero, para mí era mucho más que eso, porque la ignorancia implica no tener conciencia y, por ende, se muestra como una elección sin intención detrás de ello, sin embargo nunca me pareció sensato creer en ello.
Ahora, viviendo en Buenos Aires, me he encontrado con un nuevo apodo: “Negrita”. Para quienes no saben lo que significa “Negrita” – no se necesita saber de etimología para determinar a qué podría referirse el término- es una palabra del español que, según muchos diccionarios sudamericanos y urbanos, se traduce como “niña negra”, y se usa como un término cariñoso o simplemente un vocablo descriptivo que no pretende ser ofensivo. Sin embargo, ¿quién define qué es ofensivo y qué no lo es? Insatisfecha con esta descripción, comencé a preguntar a algunos argentinos qué significa dicha palabra para ellos y me llamó la atención la similitud en sus respuestas. Era como si estuvieran programados para darme la misma respuesta.

“No es una mala palabra, la usamos incluso si no sos negro”; “es un término cariñoso”; “lo decimos con buena intención”; “lo usamos para llamar a un amigo o familiar que tiene la piel un poco más oscura” y “a veces está relacionado con el status económico, pero lo hemos estado usando durante años”.

¡ Justamente ahí está el problema! Lo han estado usando durante tanto tiempo que el significado original se ha perdido en una red de modismos y sinónimos locales. Fascinada con la etimología de la palabra, me propuse averiguar los orígenes de “Negrita”. No me llevó mucho tiempo encontrar este anuncio. Publicado en The Mercantile Gazette (Buenos Aires) el 10 de abril de 1835, sobre la venta de una joven negra de ascendencia africana. Y pensé para mí misma, ¿podría “Negrita” haber significado algo cariñoso en ese entonces?

articilo antiguo

Imagen: Documento Escrtio Salon VII. Fila 217.

Los principales sinónimos de “cariño” son afecto y amor, palabras que nunca podrían (ni deberían) usarse para referirse a la esclavitud, pero cuando alguien me llama “Negrita” esta expresión trae consigo un conjunto completamente diferente de significados; y ese es el peligro de “etiquetar inconscientemente”. Debemos reconocer que nuestra conciencia e historias personales pueden influir en nuestros juicios y sentimientos hacia “otros” y, ocasionalmente, nos quitan la posibilidad de ver la realidad desde una perspectiva diferente.

Esta incapacidad para ver desde la perspectiva de otras personas, ser empático, a menudo, reside en la continuidad histórica del nacionalismo, que incorpora muchos factores complejos y entrelazados. Desde las políticas de blanqueamiento y el nacionalismo económico, hasta el expansionismo agresivo y la xenofobia, todo se refleja en la ideología de las clases dominantes. Si bien muchos argumentaran que estas existieron con la intención de fomentar una cultura, un lenguaje y una visión unificadora, también es cierto que enajenaron, erradicaron e hicieron invisibles otras culturas. Esto mismo se puede ver en el cine argentino de la década de 1930, que proyecta a Buenos Aires como el “París de América del Sur”, lo que resulta en el abandono sistemático de su diversa herencia e identidad africana e indígena.

Sino trascienden estas abstracciones esencialistas, los argentinos continuarán negando el significado histórico y más profundo que se oculta detrás la etiqueta “Negrita”. Para otros, como yo, afro-descendientes, conlleva una gran cantidad de subtextos racistas. Sin embargo, es importante aclarar aquí que si alguien usa el término “Negrita” no implica que sea inherentemente racista, pero vale la pena preguntarse, si la intención de usar dicha palabra como un término de forma “cariñosa” permitiría que etiquetas como “El nochi” o “El Amarillo” (para la comunidad china) se naturalicen de manera similar.

Y verdaderamente esto mismo sucede al escuchar a muchos porteños referirse a las personas de orígenes asiáticos como “chinos”, sin reparar si su nacionalidad es Japonesa, Coreana o Taiwanesa invisibilizando las diferencias entre sus culturas e historias, lo que conlleva a mayores malentendidos y estereotipaciones. Otro ejemplo que pude vislumbrar es que suele llamar  a los ciudadanos españoles “Gallegos”,  término que le adjudica a las personas provenientes de Galicia, sin tener en cuenta las sensibilidades y complejidades de las culturas españolas.

Mas allá que algunos argentinos se crean inocentes de cualquier significado o connotación racista, la simple razón de pronunciarlo con “buena intención” no implica que el tema deba ser desatendido. La gente no debería sentir que sus buenas intenciones de alguna manera la eximen de creer que no están perpetuando una historia vinculada a significados racistas. Como el poeta estadounidense T.S. Eliot dijo una vez;

“Los mayores males de este mundo son hechos por personas con buenas intenciones”.

Y es por esto, que creo que lo peor de los porteños es que tienen buenas intenciones. Cegados por esta omisión histórica de producir oblicuidades raciales, sus buenas intenciones deben de ser cuestionadas, porque en el centro de esta conjunción se encuentra el hecho de que las buenas intenciones a veces pueden tener consecuencias negativas. Si bien esto podría no parecerle obvio a una persona con privilegios, que jamás ha sentido este tipo de odio, resulta necesario que dejen de creer en la bondad de sus acciones y comiencen a cuestionar las culturas dominantes y el legado de su idioma que perpetúan este sistema racista de la “Otredad”. Te pido el siguiente favor, comienza a escuchar a aquellos que no están dentro de tus círculos dominantes, blancos y privilegiados que te impiden comprender el impacto de tus palabras en los otros. Invita a personas de los pueblos indígenas y a los afro-descendientes a que te ayuden a comprender el impacto de tus intenciones inconscientes, porque si no lo haces tus buenas intenciones no romperán los patrones de esta interminable forma de racismo oblicuo.

Recuerda, la ignorancia puede crear consecuencias desafortunadas, y la toma de conciencia requiere de elecciones conscientes.

¡Generemos un uso responsable de las palabras !

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