Racismo insidioso

IMG_6985By Dr. Suzanne Temwa Gondwe Harris

A medida que el Movimiento Black Lives Matter continúa reavivando los esfuerzos para hacer visible (una vez más) el legado de racismo sistémico y hegemonía blanca en todo el mundo después del brutal asesinato de George Floyd, la apertura de la retórica antirracista finalmente está persuadiendo a muchos sistemas legales y educativos para hacer cambios radicales bajo el nombre de igualdad y equidad. Sin embargo, al pie de las estructuras racistas que existen, hay grupos racistas menos conocidos y discretos que también nos debemos abordar si queremos una sociedad verdaderamente igualitaria. Uno de esos grupos es el uso de símbolos. No se puede negar que vivimos en un mundo de signos y símbolos, que como las etiquetas, se han convertido en aspectos constitutivos de nuestras vidas.

Sin embargo, en algunas partes del mundo, ciertos símbolos pasan desapercibidos y, a menudo, se desconocen por el papel que tienen en el establecimiento y consolidación de narrativas particulares. Tomemos, por ejemplo, el derribo de las estatuas de propietarios de esclavos, que para la mayoría de las personas negras son recordatorios diarios de la opresión pasada y presente que valorizan y glorifican el odio. Si hubiera una estatua de un esclavo siendo linchado de un árbol, se provocaría un sentimiento diferente. Si bien ver una estatua de un esclavo o un propietario de esclavos es símbolo de la misma atrocidad, la diferencia literal es que uno fue víctima de esta brutalidad inhumana mientras el otro, fue el autor de la misma. Utilizo este ejemplo, no solo por su relevancia actual, sino por la forma en que algunas personas continúan viendo estas estatuas de manera sutil y para nada agresiva. Argumento, y continuaré argumentando, que las estatuas de asesinatos no tienen lugar en nuestras calles sin un contexto legítimo y un sistema educativo que brinde a cada persona una narrativa completa asociada con esa persona o parte de la historia, porque nos guste o no, nosotros vivimos en un mundo donde hay muchas personas poderosas y desinformadas que hablan sobre la historia con pocos o ningún hecho. Y es este tipo de racismo insidioso el que está afectando a nuestras comunidades y nublando nuestros juicios sobre
el tema.

Este mes en Mississippi (EE. UU.) fuimos testigos de la eliminación de la bandera del estado de 1894, que en su interior contenía la bandera confederada. Para aquellos que no saben por qué este es un tema controvertido, miren el episodio de John Oliver Last Week Tonight sobre la Bandera Confederada. Como esta bandera, que es otro ejemplo de un símbolo que ha estado que ha estado flameando sobre las cabezas, y en los rostros de aquellos que han sufrido durante mucho tiempo el racismo institucional y la exclusión que trajo la esclavitud. En 1975, este símbolo fue traído a Argentina y se convirtió en el logotipo de una popular marca de ropa para adolescentes John L. Cook.

Me encontré con esta marca por primera vez cuando estaba de pie junto a una joven que iba a la universidad y sostenía un abrigo de John L. Cook sobre su brazo mostrando este símbolo de odio, mirando directamente hacia mi, así que me volví hacia ella (en mi mal español) y le pregunté si sabía qué era ese logotipo o, lo que era más importante, qué representaba. Ella me miró, de la misma manera que un niño cuando no sabe la respuesta a una simple pregunta de matemáticas y dijo: “no lo sé”. Pude ver el nivel de vergüenza y conmoción en su rostro cuando mencioné las palabras esclavitud y supremacía blanca, no con la intención de humillarla, sino simplemente informarle del símbolo que lleva.

El fundador de la marca, Ramiro Fita, ha declarado en numerosas entrevistas en los medios que se encontró con este símbolo mientras vivía en Baltimore (EE. UU.), argumentando que los argentinos tenían hambre de americanización. Su hijo, el actual presidente de la marca, también ha declarado que “es solo el logotipo de la marca” (vean la entrevista de Mimi Dwyer para Al Jazeera America). ¿Pero es así? ¿Los argentinos quieren asociarse con esa parte específica de la identidad estadounidense? Entre los muchos argentinos con los que he hablado, todos dijeron categóricamente que no tenían idea de qué era la Bandera Confederada y ,mucho menos, sabían su significado. Si bien no soy una experta en marcas, soy consciente de que el logotipo de una marca es más que solo un logotipo; es una identidad, una filosofía que proyecta un tono particular que conecta a diferentes consumidores con su marca. Y la bandera confederada, para decirlo suavemente, proyecta una filosofía de odio con un tono vehemente. Mientras que para algunos puede ser un símbolo de la herencia sureña y una conmemoración histórica de la Guerra Civil Estadounidense, para muchos es un símbolo de esclavitud, odio racial, segregación, violación, asesinato y división. Por lo tanto, aunque muchos argentinos desconocen este hecho, no puedo aceptar que Ramiro Fita no tuviera idea de lo que esa bandera representaba, o sigue representando, en el siglo XXI.

Los diseñadores de moda son plenamente conscientes de que su marca y sus logotipos son portadores de información social, cultural y, a menudo, política. Mientras que algunos permanecen activamente alejados de las sensibilidades políticas, otros transmiten activamente mensajes políticos que se extienden por toda la sociedad sin ser detectados pero con consecuencias tóxicas. Y, en un país como Argentina, que ya es culturalmente complejo, donde existen tensiones raciales oblicuas entre aquellos que se clasifican activamente como europeos blancos, con afrodescendientes y comunidades indígenas, es aún más importante, si no esencial, que comprendamos la influencia de los símbolos, sean o no extranjeros. El racismo insidioso funciona exactamente de esta manera, aprovechando a las personas que, sin saberlo e inadvertidamente, perpetuarán y defenderán las ideologías racistas de un país que admiran pero que los tiene enjaulados financieramente. Al reforzar un sentido de identidad colectiva con los estadounidenses, los argentinos están alimentando ciegamente la producción cultural de la división racial.

Y mientras veo a muchos jóvenes argentinos progresistas salir a la calle por los derechos de las mujeres y los derechos LGBTQI, me pregunto si están dispuestos a adoptar una postura sobre la intolerancia y la discriminación contra las personas negras, indígenas y marginadas en Argentina. ¿Quemarían la bandera confederada fuera de las tiendas u oficinas de John L. Cook y darían a conocer que el logotipo que llevan muchos jóvenes argentinos está intrínsecamente alineado con una historia de odio conservador blanco hacia los negros? Porque, como consumidores, debemos ser conscientes de los productos que estamos comprando y las ideologías que encarnan, de la misma manera que las personas eligen comprar huevos de corral, atún sin delfines o maquillaje sin crueldad animales, lo hacen porque no quieren apoyar el maltrato. Por lo tanto, usar la bandera confederada es como desear el maltrato a las personas negras, y de la misma manera los grupos de extrema derecha lucen orgullosamente una esvástica en sus camisetas, o un aficionado al fútbol que usa una remera del club proyecta su posición ideológica y / o lealtad a una creencia particular o grupo en la sociedad. La única diferencia es que los grupos de extrema derecha y los fanáticos del fútbol están haciendo una elección consciente sobre lo que proyectan en el mundo. A través de la lógica de asociación, ciertos símbolos unen a las personas, y al usar la bandera confederada, ya sea en los EE. UU. o en Argentina, solo significa una cosa, y no es tolerancia, comprensión o integración, es esclavitud.

En su libro No Logo, la escritora y activista social canadiense Naomi Klein, habla sobre las prácticas insidiosas y los efectos de largo alcance de dicho marketing corporativo. En este libro se muestra a los lectores cómo las marcas tienen el poder de influir en la identidad e incluso definir nuestros valores culturales. Y yo quiero denunciar que John L. Cook está haciendo exactamente eso, no solo mediante el uso de la bandera confederada, sino también mediante el uso de modelos completamente blancos, utilizando mensajes en inglés en sus camisetas con emblemas como LA y Fairfield en sus prendas para consolidar aún más la glorificación de la marca de los Estados Unidos, pero también su posición en la política racial. Por lo tanto, el poder del racismo insidioso es muy significativo, ya que es la forma en que las personas poderosas lo usan para ocultar el racismo bajo la apariencia de algo que la gente no ve como dañino. De la misma manera que se erige una estatua de un hombre blanco sin llamarlo dueño de esclavos o asesino, esta socava la realidad y la gravedad de sus acciones, usar una camiseta con la bandera confederada amplifica la historia y el legado de la supremacía blanca porque es a través de estas sutilezas, la ignorancia involuntaria y la disonancia cognitiva y esto conduce a consecuencias más destructivas y perjudiciales. Por lo tanto, todos debemos tomar una posición en contra de estos símbolos y de todas las formas de racismo si queremos liberar los grilletes que esclavizan nuestras mentes.

 

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