Showmatch volvió con todo… lo de siempre: Extranjerización e hipersexualización de los cuerpos

Escrito por: Jazmin Diarte

Hace más de veinte años, Marcelo Tinelli lleva adelante un proyecto de entretenimiento que ha llegado a los hogares de todos los rincones del país. Hace más de veinte años que reúne a artistas de todos los campos para ubicarlxs en un escenario al mejor estilo circo freak. Circo de fenómenos que bailan, saltan, cantan e interpretan los mismos papeles hace décadas. El éxito, lamentablemente, es innegable. Podemos preguntarnos entonces, como consumidores de este tipo de entretenimiento, ¿qué es lo se juega detrás de esa puesta en escena? ¿A costa de qué y de quiénes, miles de personas ríen disfrutando el espectáculo?

El día de ayer, en su vuelta a la pantalla, volvió a repetirse al aire una situación que refuerza el carácter estructural del racismo que habita nuestro país de punta a punta. Juan Manuel es uno de los bailarines que participa del show, y en los 15 o 20 minutos que duró la previa, fue el foco de todos aquellos estereotipos que marcan de forma muy negativa la construcción de la identidad afro. Tinelli le pregunta de dónde es, sin la más mínima conciencia de la constitución de nuestra población argentina que no, no es blanca. Juan Manuel responde que es de acá, pero eso no satisface la aparente curiosidad del conductor, y aclara: “mi papá es de Brasil”. Ahí recién es cuando se cierra con sentido el mito de una Argentina blanca descendiente de europeos; afirmación que, por otro lado, sigue invisibilizando gran parte de la historia nacional. De esto se trata la extranjerización: una piel, una nariz o una boca que no se correspondan con el ideal inconsciente de este país, no puede de ninguna manera ser de aquí. Pues no, y lo repetiremos hasta el cansancio, hasta desmantelar aquella ilusión eurocentrista que heredamos y se encarga de borrar la existencia de una comunidad afroargentina. La memoria de nuestrxs ancestrxs, nacidxs y criadxs en este suelo argentino, seguirá siempre vigente a pesar de lo que los medios masivos llaman inocentemente “entretenimiento”.

El límite no termina allí. Continuaron en esos minutos sexualizando el cuerpo de Juan Manuel ante miles de televidentes, preguntándole cuánto entrenaba por semana, si todo eso era suyo, y comparándolo con Motumbo, un cliché racista sobre el imaginario que se tiene de un negro. Fueron más allá en la exposición de su cuerpo, reduciéndolo a un objeto sexual de consumo, y le tocaron el pecho, los brazos, el abdomen, hasta que se sacó la remera para exhibir su físico. El colmo de la exposición fue la alusión a su miembro por parte de la actriz Romina Ricci. Éste es el circo de fenómenos que monta todas las noches, para todo el país, el programa de Showmatch. Pero lo alarmante aquí, y vale la pena detenerse a pensar, es lo a gusto que se mostraba Juan Manuel con toda esa parafernalia; y es que por supuesto, cuando históricamente ese es el lugar designado para las personas afro, cuando se naturalizan esas modalidades de trato hacia la persona y el cuerpo que porta, “hay que aprovecharlo”. ¿A eso se reduce el talento? ¿Es esa la única vía de acceso a la fama y al reconocimiento? ¿Qué otros espacios pueden abrirse, y de qué otras maneras se pueden ocupar, si hace más de 20 años el público de estos espectáculos continúa reproduciendo el circuito racista sexualizador de nuestra comunidad?

Desde Agrupación Xangô repudiamos enormemente los estereotipos sociales que reducen la subjetividad de una comunidad entera con historia, memoria, y luchas por derechos. Exigimos entonces una disculpa pública del conductor y lxs artistas participantes que montaron, una vez más, el penoso escenario de la exposición de un cuerpo y el aplastamiento a la identidad afro. Lo que ellos llaman entretenimiento es extranjerización e hipersexualización de nuestros cuerpos. Lo que se esconde detrás del chiste, es la convicción más rancia de nuestro país que continúa aferrándose a la ilusión de una Argentina blanca. Nuestra mera existencia, con todas sus diversidades, es una bandera en alza de lucha, que continuará tanto como pretendan sostener esas ilusiones.

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