20 años de durban y una deuda en el cumplimiento de los tres ejes del decenio internacional para el pueblo afrodescendiente: reconocimiento, justicia y desarrollo

Rosa Campoalegre

Doctora en Ciencias Sociológicas, afrofeminista cubana y  profesora e investigadora titular del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas. Coordinadora del grupo de trabajo “Afrodescendencia y propuestas contrahegemónicas” del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) y coordinadora de la Cátedra de Estudios Nelson Mandela. Rectora de la Universidad de la Diáspora Africana.

A 20 años de la Conferencia Mundial de lucha contra el Racismo, la Xenofobia y  otras formas de Intolerencia, las Afrodescendencias vivimos en la encrucijada entre un Decenio Internacional de los pueblos afrodescendientes y la Pandemia COVID-19, racializada y feminizada. Un Decenio, en mora debido al incumplimiento de sus metas fundamentales: Reconocmiento, Justicia y Desarrollo. Sostemos la tesis de que en esta encrucijada letal, no solo somos las principales víctimas, somos también la alternativa. Siguiendo,  la ruta fijada por el objetivo de esta mesa, vengo a mirar el pasado para poder proyectanos al futuro, vengo a compartr propuestas que hemos ido construyendo e instrumentando  mediante un intenso tejido de redes afrodiáspóricas en el que se funden las academias y el movimiento afrodescendiente.

La primera propuesta emerge en el 2017 con el programa académico y de lucha “Más allá del Decenio”, que tienen la intención de rebasarlo, no solo en el tiempo, sino en sus formas y protagonistas, pues a todas luces no basta un Decenio para reparar un genocidio. Este programa se centra en las juventudes y en las mujeres afrodescendientes, dos grupos sociales que se encuentran en el centro de la matriz de desigualdad de América Latina y el Caribe.

La segunda propuesta es el Fondo Internacional para el Desarrollo de las Mujeres Africanas y Afrodescendientes (FDMA). Esta iniciativa requiere el máximo apoyo de la comunidad internacional y una sostenida voluntad de los Estados, convoco a unir esos esfuerzos, a vestir de negro los objetivos 2030 en clave afrofeminista, en perspectiva de género e interseccional.

La última de las iniciativas, que les comparto es la Universidad de la Diáspora Africana, como otra reparación históricafrente a la invisibilización del pensamiento negro. Se trata de una Academia negra enfocada en cuatro ejes de desarrollo: etnoeducación, para luchar contra el racismo epistémico que  atravieza  el mundo académico; feminismos negros; saberes ancestrales y la promoción de derechos y políticas para las personas, las familias y los pueblos afrodescendientes.

Todas estas propuestas están avanzando,  implementándose, no exentas de dificultades, siguen en construcción y recaban apoyo internacional. Su rasgo distintivo es la formación de capacidades para el cambio, rescatando el más potente programa de lucha contra el racismo hasta nuestros días aportado por Durban. Acelerar y rebasar el Decenio es recatar la Declaración y el Programa de acción de Durban. Ante estos desafíos que impone la reconfiguración del racismo,  antes durante y previsiblemente pospandemia, me permito terminar evocando a Nelson Mandela : “Los viejos, métodos hoy son suicidas”. Entonces se impone el cambio.

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